París, je t’aime

“Sans toi, les émotions d’aujourd’hui ne sont que la peau morte desémotions d’ autrefois.”



Y llegó la indiferencia…

Desde pequeña puedo decir que he tenido la suerte de que mis padres me inculcaran determinados valores. He crecido en un ambiente en el que primaba el respeto hacia los demás, sobre todo hacia los mayores. Cuando era una niña recuerdo que iba con mi abuelo en el metro o en el autobús y, cuando nos tocaba ir de pie, siempre había alguien que se levantaba y le cedía el asiento a mi abuelo.

Me cuesta aceptar que eso ha cambiado. Ya no se tiene ese respeto por los mayores, o al menos, la mayoría de la gente ya no tiene ese respeto, y digo la mayoría porque nunca me ha gustado generalizar. El otro día iba en el metro, en una línea muy concurrida, a primera hora de la mañana, y me tocó ir de pie. A tres paradas de mi destino se subieron una pareja de ancianos (tendrían a lo sumo 70 años, más o menos). Cual fue mi sorpresa cuando vi que sólo una chica se levantaba para cederle el asiento a la señora. El señor se tuvo que quedar de pie. Y seguía de pie cuando yo me bajé en mi parada.

No puedo entender como es posible que gente de 20, 30 ó 40 años ni se inmute cuando ve a un anciano de pie sin que nadie le deje sentarse. Gente que no necesita estar sentada. Que, simplemente, lo están por vaguería o porque no les apetece ir de pie dos o tres paradas. Desde mi punto de vista, lo considero una falta de educación.

Hace unos tres años, más o menos, que necesito utilizar el metro con más asiduidad. Y desde que lo hago, no hay día que suba, que vea este tipo de cosas. Pero no sólo con ancianos, también con embarazadas, personas con muletas… La mayoría de la gente se queda indiferente ante estas personas. Y lo peor viene cuando no puedes hacer nada. Porque si estás sentada y ves que entra alguien que necesita tu asiento, se lo cedes y listo. Pero si te toca ir de pie y no puedes cedérselo, no te queda sino observar como la gente se queda impasible e indiferente ante ésto.

Lo más gracioso del tema (si es que, realmente hay algo gracioso) es que, esta gente que no cede el asiento, más adelante cuando sean ellos los que necesiten sentarse y nadie haga alarde de esa educación de la que ellos carecen, se quejaran y despotricarán contra aquellos que actúan solamente como ellos han actuado siempre.

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Palabras

¿Mejor escrito?

¿Mejor hablado?

¿Qué más nos da?

No importa la forma

ni el color.

Tan sólo el contenido.

No importa la superficie.

Tan sólo el interior.

Las hay que no dicen nada.

¿Quién las quiere?

Teniendo un silencio,

una mirada,

un roce,

un olor.

A veces es mejor no usarlas,

porque, después de todo,

las palabras, palabras son.


Semejanzas con la actualidad

Primero cogieron a los comunistas

y yo no dije nada porque yo no era un comunista.

Luego se llevaron a los judíos,

y no dije nada porque yo no era un judío.

Luego vinieron por los obreros,

y no dije nada porque no era obrero, ni sindicalista

Luego se metieron con los católicos,

y no dije nada porque yo era protestante.

Y cuando finalmente vinieron a por mí

no quedaba nadie para protestar.

(Beltolt Brecht o Martin Niemöller)

¿Somos una sociedad conformista?

Como todos sabréis, hace poco comenzó una huelga en la que los trabajadores del metro protestaban por la decisión que se había tomado de reducir el sueldo a los funcionarios en un 5%. Se comprometieron a respetar los servicios mínimos, es decir, a proporcionar únicamente el 50% de los servicios que prestaban normalmente. Sin embargo, al no llegar a un acuerdo, los trabajadores decidieron no proporcionar siquiera, ese 50%, por lo que, los días 29 y 30 (los dos días en los que se mantuvo esa decisión) Madrid se convirtió en una ciudad sin metro, una ciudad sumida en el caos.

Colas, broncas y mal humor fueron los protagonistas durante estas dos jornadas, siendo el día 29, el único día en el que tuve ocasión de vivir esta situación en primera persona.

Eran casi las tres de la tarde. El lugar: Cuatro Caminos. Nos encontramos atrapados en una cola interminable de gente, bajo un sol abrasador y un calor sofocante, esperando el autobús. Entonces fue cuando lo escuché: una señora, a pocos pasos del lugar en que nos encontrábamos, estaba hablando con una amiga y, en ese momento, dijo:

“Esto no es normal. Deberían despedirlos a todos”

En un principio, aunque intuía a quien se refería, no lo sabía con certeza, por lo que decidí esperar y ver si mis sospechas eran acertadas y, en efecto, lo eran. Poco después lo confirmó. Confirmó que se refería a los trabajadores del metro. La señora continuó contándole a su amiga que no era normal que nosotros tuviéramos que pagar por los fallos del gobierno y que lo que tenían que hacer era despedir a los huelguistas, que había mucha más gente que estaría más que dispuesta a trabajar por el ínfimo salario por el cual ellos tanto protestaban.

En ese momento empecé a pensar. No daba crédito a lo que había escuchado y comencé a preguntarme en que momentos nos habíamos convertido en una sociedad tan conformista, en la que aceptábamos sin rechistar todas las modificaciones que en ella se producían alegando que “no había otra”. También pensé en cuantos años habían hecho falta para que los trabajadores tuvieran unos determinados derechos y cuantos meses habían hecho falta para que eso desapareciera.

Probablemente muchos pensáis que no se de lo que hablo, que cuando se necesita trabajar, hay que trabajar, independientemente de lo que tengas que aguantar. En eso os doy la razón. Cuando a una persona le urge trabajar, le da igual todo: salario, tipo de trabajo, condiciones, etc… Es un trabajo y no se está en condiciones, en los tiempos que corren, de rechazarlo. Sin embargo, lo que no consigo entender es como es posible que trabajadores se pongan en contra de trabajadores. La frase de esta señora es un claro ejemplo de ello: “que no quieren trabajar, pues que los despidan”.

Estos trabajadores están haciendo huelga porque no aceptan esas condiciones laborales, porque no son conformistas. Son los únicos que están demostrando que pueden llegar a presionar a los altos cargos, ¿cómo? originando un caos de transporte en la capital de un país. ¿Y cómo respondemos nosotros? pidiendo que les despidan. Leí muchos comentarios cuando se aprobó la medida del gobierno de reducir el salario de los funcionarios en un 5%, que decían que no sabían de que se quejaban. Que ellos, al menos, tenían trabajo.

No nos estamos dando cuenta de que si van a por ellos primero, los siguientes seremos los demás. Si ellos no deben protestar porque, “al menos, tienen trabajo”, el día que a los demás trabajadores les paguen mucho menos de lo que ganan trabajando lo mismo, tampoco deben protestar, porque, “al menos, tienen trabajo”. Y si seguimos así, pronto nos daremos cuenta de que los derechos de los trabajadores se han esfumado. De que todo por lo que lucharon muchos, varias generaciones atrás, ya no existe. Y lo peor de todo es que, no podremos protestar por ello, porque habremos sido nosotros los causantes al permitirlo.

“Sicko” de Michael Moore

Si os preguntara cuanto dinero os han cobrado por tener un bebé, ¿qué me contestaríais? ¿Qué responderíais si os cortarais dos dedos y os dieran elegir entre recuperar uno (por 12.000$) u otro (por 60.000$)?

Este tipo de preguntas son las que tienen que responder a diario millones de norteamericanos. El sistema sanitario de EEUU lleva intentando modificarse desde el mandato de Bill Clinton. La pionera en este cambio fue su mujer Hillary que, sin embargo, no llegó a conseguir que éste se produjera. Años más tarde, durante su campaña presidencial, Hillary Clinton volvió a retomar su idea de modificar el sistema sanitario estadounidense e introducir la conocida Seguridad Social. A pesar de no ganar las elecciones, dicha propuesta no quedó en el olvido. El actual presidente de EEUU, Barack Obama, en su campaña, prometió la implantación de la Seguridad Social y esta semana pasada, después de muchos meses de deliberación, la propuesta ha sido, por fin, aprobada en el Senado.

El sistema sanitario que actualmente tiene la “primera potencia mundial” se basa en que los ciudadanos tienen que pagar por su atención médica con sus propios recursos. Como la atención médica es cara, muchas personas tienen que comprar un seguro de salud. Los médicos facturan a esa compañía de seguros por los servicios prestados. La compañía de seguros pagará, pues, los servicios médicos que el paciente haya recibido.

A bote pronto, que una empresa te pague tu salud no está mal. Tu te pones malo, necesitas atención médica y esa empresa te paga dicha atención. Pero, las compañías de seguros no dejan de ser eso: empresas, y, como todas las empresas, necesitan tener unos beneficios. ¿Cómo se obtienen esos beneficios, cuando a diario hay multitud de personas que enferman y necesitan que les costeen la atención médica? ¿Qué pasaría si tienes una enfermedad como, por ejemplo, cáncer, y la única forma de curarte fuera un transplante de médula que tu compañía de seguros te deniega por considerarlo medicina experimental?.

Todo esto es lo que denuncia Michael Moore en su documental, “Sicko” sobre el sistema sanitario estadounidense. Entrevistas, casos reales y comparaciones con los sistemas de salud de otros países. El documental, que se encuentra disponible en Youtube, consta de 13 partes, y está en inglés con subtítulos en español. Os dejo la primera parte y de ahí, podéis enlazar a los demás vídeos. Es muy recomendable. Una verdadera visión del llamado “sueño americano”.

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